Por: Dra. Ada C. Alfonso Rodríguez, Revista LazoAdentro

En Cuba, desde el triunfo revolucionario, la protección de la infancia y la adolescencia ha estado en el centro de la agenda social. Sin embargo, la inversión en salud sexual de los y las adolescentes y jóvenes no siempre ha sido explícita en reseñar los derechos sexuales y reproductivos, aun cuando existe consenso en reconocer que no es posible alcanzar el máximo grado de salud sexual, sin el ejercicio pleno de los derechos sexuales y sin las garantías para que esto ocurra.

Los derechos sexuales son los derechos humanos vinculados a la sexualidad. Sirven de base para el respeto, la autonomía, la libertad, la empatía, la igualdad y la dignidad humana.

En nuestro país, la Constitución de la República, recoge en el TÍTULO V. DERECHOS, DEBERES Y GARANTÍAS un conjunto de derechos reconocidos que garantizan el goce y ejercicio de los derechos humanos y, por tanto, los derechos sexuales.

No obstante, la mayoría de las investigaciones que indagan acerca de los conocimientos, actitudes y prácticas de los y las adolescentes, en materia de sexualidad y/o reproducción, revelan falta de información acerca de la sexualidad y una baja percepción de riesgo ante las consecuencias del ejercicio de la sexualidad sin protección.

Los derechos sexuales pueden contribuir a revertir esta realidad, por lo que a continuación se abordan de manera explicativa algunos derechos sexuales que están representados en nuestra Constitución.

1. El derecho a la información actualizada, veraz, completa y científica sobre una sexualidad libre de estereotipos, prejuicios y mitos: La adolescencia es un período que incluye diferentes edades y necesidades, quiere esto decir que las necesidades de información y la toma de decisiones de los y las adolescentes que se encuentran entre los 10 y 12 años difieren, si se comparan con las de aquellos que se encuentran entre los 17 y 19 años. Asimismo, la necesidad de aprendizaje diverge entre los que no han iniciado la vida sexual activa y los que ya la han iniciado, por lo que, aun cuando la información que se brinde tenga un carácter científico, esta debe estar atemperada a su comprensión en cada etapa de vida y a las necesidades que esta origina.

2. El derecho a una educación integral de la sexualidad que promueva la toma de decisiones libres e informadas, el respeto a la dignidad humana, y a la equidad: El ARTÍCULO 73 de nuestra Constitución refrenda que «La educación es un derecho de todas las personas y responsabilidad del Estado…». Este derecho se garantiza a través de la implementación del Programa Nacional de Educación Sexual de la Escuela que se establece en todos los niveles de enseñanza y en todas las escuelas del país.

En unas escuelas con más éxito que en otras, pues dependerá del grado de formación de los docentes, de la importancia que les concedan a estos temas y de la capacidad que tengan para responder las múltiples interrogantes que surjan, cuando se aborden cuestiones relativas a la sexualidad. Muchas personas todavía creen que la educación integral de la sexualidad tiene como resultado que las relaciones sexuales se inicien más tempranamente.

Sin embargo, existen evidencias científicas de que cuanto más preparados están los y las adolescentes pueden decidir mejor cuándo iniciar las relaciones sexuales, qué prácticas sexuales les resultan más placenteras, y acerca de respetar la decisión de sus parejas en cuanto a tener o no relaciones sexuales y una vez que decidan iniciarlas, hacerlo con protección. Esta preparación permite comprender y comunicar mejor a los familiares los intereses sexuales, aunque se conoce que no es suficiente tener una buena educación sexual para explicar, a padres y madres, dudas y certezas sobre la atracción sexual por personas del mismo sexo o la inconformidad de género, pues todavía es muy fuerte la presión social que reciben las familias de que la única expresión de la sexualidad posible es la heterosexualidad.

El ARTÍCULO 72 de la Constitución expone que «La salud pública es un derecho de todas las personas y es responsabilidad del Estado garantizar el acceso, la gratuidad y la calidad de los servicios de atención, protección, y recuperación». De ahí que un derecho de los y las adolescentes es el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva amigables, confidenciales y de calidad, sin estigma ni discriminación.

Este derecho asegura la respuesta a la demanda de información, acompañamiento, anticoncepción y atención durante el embarazo, parto y puerperio, en el caso de que las adolescentes, voluntariamente, decidan llevar a término un embarazo. Sin dudas, esto último, no es lo recomendado, pero existen los servicios, y los profesionales formados que son capaces de acompañar y tratar a quienes lo requieran.

El embarazo no es un problema exclusivo de las mujeres, por tal motivo, los adolescentes y jóvenes varones deben conocer de la existencia de servicios de planificación familiar, en cada área de salud, que brindan información científica y veraz acerca de la anticoncepción, y ayudan a la toma de la decisión más adecuada para cada pareja. Corresponde, además, a los servicios de salud el diagnóstico y tratamiento de las infecciones de transmisión sexual, por lo que, ante cualquier duda o preocupación acerca de una posible infección, es importante acudir al área de salud más cercana.

Los cuerpos y las sexualidades han estado en el centro del control social, la presión familiar y la de los amigos, por tanto, los derechos que se mencionan a continuación necesariamente tienen que verse en su relación con los ya descritos.

3. Derecho a decidir de forma libre, autónoma e informada sobre el cuerpo y la sexualidad acorde con el desarrollo psicosexual de la etapa: Nótese que el ejercicio de este derecho está sujeto al desarrollo psicosexual y en nuestra Constitución conecta con el principio de progresividad. Lo hace para llamar la atención acerca de que, si bien los derechos humanos les asisten a todas las personas, su ejercicio en determinados ámbitos va a estar marcado por la capacidad para el desarrollo de estos.

El debate acerca de los asuntos relativos a las edades y las competencias de los adolescentes para el ejercicio de sus derechos está abierto. En nuestro país, por ejemplo, existen diferentes límites de edad para la ejecución de dicha capacidad, según sea el caso que se aborde: trabajo, matrimonio, responsabilidad penal… Es por eso que, para recibir algunos de los servicios de salud sexual, se solicita la presencia de los padres o tutor legal, especialmente, cuando estos incluyen intervenciones que se consideran invasivas como una regulación menstrual, una interrupción de embarazo o la indicación de anticonceptivos que van a modificar los ciclos ovulatorios de las muchachas.

La adolescencia es una etapa de búsqueda y encuentros, de crecimiento psicosexual y crecimiento social, por lo que es imprescindible una adecuada educación integral de la sexualidad y el conocimiento de los derechos sexuales. Este conocimiento posibilita reconocer que los límites de los derechos personales están justamente en el ejercicio de los derechos de los otros, las normas del entorno que nos rodea y el bienestar social.

Las cuestiones relativas a los derechos no se agotan con las que hemos compartido en este artículo, todo lo contario, este puede abrir un debate acerca de cómo ejercer los derechos sexuales, en un marco de responsabilidad y cuidado del otro.

2 Comentarios
  1. ng 6 meses

    porque esa gran mania de «las y los»?

  2. Daniel Ortega 4 meses

    Muy interesante el artículo. ¿Cómo puedo ver otras ediciones?

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