Por: MSc. Idianelys Santillano Cárdenas. Psicóloga. Docente de la Metodología ProCC.

Con la colaboración del Equipo de Dirección del Proyecto Internacional ProCC, Dra. Mirtha Cucco García y Lic. Ana Sáenz Berbejillo. Psicólogas.

Ilustración: D.I Fabiana Pérez Fernández

“Mi niña no quiere ver las teleclases, son muchas tareas y se cansa”
“¿Qué hago?, no le gusta la maestra de la televisión”
“El de mi vecina se sienta y las ve de lo más bien, ¿por qué el mío no?”
“Aunque insista, no logro que avance en lo que tiene que hacer”

Quizás le ha pasado que algunas de estas interrogantes han sido suyas por estos días. Es probable que el comentario de su amiga, el de su vecino, el de la mamá del compañerito del aula, o el de quien iba detrás de usted en la cola, se relacione con la lógica preocupación que está detrás de estas preguntas.

El hecho es que cada una de esas personas y también usted, experimentan por estos días un grupo de sensaciones nuevas, vinculadas con el aprendizaje escolar de sus hijas e hijos. Las teleclases, opción asumida para atenuar las consecuencias de la interrupción del curso docente en su modalidad habitual, han sido una variante útil y necesaria; pero a la vez, un gran desafío para todas y todos.

Por un lado, quienes estudian tienen ante sí un nuevo espacio escolar: la casa. Sus compañeras y compañeros de aula no están, la dinámica de la escuela (con su rutina bien establecida) desapareció, y sus maestras y maestros se resumen ahora en alguien desconocido que está detrás de un cristal. Cambió la persona a la cual se le preguntan las dudas y no hay a quién decir: “espere un momento, me quedé atrás”.

Por otro lado, madres y padres (en algunos casos otros familiares), comparten la labor de maestras y maestros, como responsables de la comprensión de las clases, o en la variante de repasadores. A la vez, deben velar por que se realicen de forma correcta las tareas, sin saber exactamente cómo hacerlo. En paralelo van las labores domésticas y/o laborales (incluido el teletrabajo y el trabajo a distancia), la necesidad de atender otras necesidades para el cuidado de hijas e hijos, así como, la responsabilidad de salir a comprar lo que se requiere para la vida familiar. No está tan accesible la figura docente con quien compartir las dudas en el manejo de las dificultades y es un poco más complejo decir: “maestra, el niño no entiende esto, ¿cómo puedo hacer?” 

La necesidad del distanciamiento físico, cambió drásticamente nuestras vidas. Las actuales circunstancias son difíciles por sí mismas. Las personas enferman, algunas mueren, la información a veces abruma, la necesaria percepción de riesgo supone numerosos cuidados que se han convertido en rutina y todo ello hemos tenido que asumirlo en poco tiempo.  Estas circunstancias nos han llevado a reestructurar planes, realidades, expectativas, modos de hacer. Hemos perdido momentáneamente algunos de nuestros espacios de vida; por lo que lidiar con eso, y utilizar nuestras mejores herramientas personológicas y familiares, podría ser un camino saludable para enfrentar el desafío.

Entonces, ¿qué tal si nos tomamos los retos con más calma?; ¿qué tal si disminuimos las presiones, y comprendemos que ahora las cosas pueden no salir como lo hacen siempre?, ¿y si no pretendemos solucionar en este momento, temas de la escuela que ya eran complejos antes?,¿y si asumimos que no son estos los tiempos de grandes aprendizajes escolares, pero sí de vida, dada la realidad que tenemos?

No se trata de poner a un lado la importancia que tiene la escuela; por el contrario, dada su relevancia, salvar lo relacionado con ella podría estar sobre la base de comprender lo que nos pasa. De acuerdo con el modo en que lidiemos con eso, podremos llevar adelante esta nueva cotidianeidad en la que se inserta lo escolar.

La sugerencia puede parecer sencilla, pero no lo es tanto. Supone muchas cosas. En principio, implica la oportunidad de pensarnos y pensar a nuestras hijas e hijos en el día a día del distanciamiento físico; ser conscientes de que las cosas cambiaron, de que serán diferentes por un tiempo, y de que eso tiene impactos en cómo transcurren nuestros días. Significa que es posible acordar: “todas ahora no, algunas tareas pueden hacerse después Orientar “te ayudaré para ver cómo puedes distribuir lo que tienes que hacer”; y acompañar: “te ayudaremos con los ritmos para que no estés arrastrando la tarea todo el día y terminemos regañando”.

No hay recetas. Cada experiencia particular agrega matices importantes al análisis, para así esbozar mejor, el camino más saludable y avanzar.

Para plantear sus inquietudes, dudas u opiniones, pueden escribir al correo redproccc@gmail.com o si lo prefieren al grupo de whatsapp: Madres y padres en casa. Enlace https://chat.whatsapp.com/HMeo9kxVIGQBHQfTLUGimu

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