En los últimos tiempos la lucha por el reconocimiento de los derechos de las personas LGBTIQ en Cuba se ha expandido en cada rincón del país, lo que ha provocado el surgimiento de diversos grupos e iniciativas pro-derechos LGBTIQ, buscando colocar en el discurso político la necesidad del respeto y goce de los derechos de las personas en su diversidad sexual y de género que históricamente han sido violados, causando la exclusión, la marginación por no formar parte de una sociedad heteronormativa. Desde la Consulta Popular sobre el Proyecto de Constitución de la República, el debate sobre el reconocimiento de los derechos humanos de la comunidad LGBTIQ, cubrió muchos espacios de diálogos, ocurrieron innumerables acciones en defensa.

Todas esas acciones expusieron y exponen la situación en la que se encuentran las personas de la comunidad, permitiendo empoderarse, reivindicar los derechos y libertades que se les niegan. Llama mucho la atención que dentro del debate sobre la diversidad sexual no se hable o se habla superficialmente sobre un asunto muy importante que transversaliza los principales puntos de discusión. Se trata de un conflicto que se fortalece en la sociedad cubana día a día muy sutilmente, que para ojos de unos solo ocurre en las personas heterosexuales, pero la verdad no es así. Hablo del racismo y la discriminación racial dentro del colectivo LGTBIQ.

El racismo y la discriminación racial destruyen vidas y comunidades por medios de diversas manifestaciones, desde privar a las personas de los principios fundamentales de igualdad y no discriminación, hasta proporcionar el odio étnico que puede conducir al genocidio.

La lucha contra el racismo es una prioridad para la comunidad internacional, por lo tanto debe formar parte de la agenda de trabajo de los diversos grupos, proyectos, instituciones, organizaciones, movimientos sean independientes o no.

A nivel internacional, diversos movimientos se han preocupado por estos asuntos dentro de la comunidad LGBTIQ y tratan de colocar la problemática del racismo y la discriminación, además de la xenofobia dentro del discurso político. Una de las iniciativas que impulsan esta lucha, es la incorporación a la bandera del orgullo LGBTIQ, 2 nuevas franjas, una negra y otra marrón. La bandera ha pasado por muchas modificaciones. Estas dos nuevas franjas se agregaron primero en Filadelfia en el 2017, con el único objetivo de crear conciencia sobre la urgente necesidad de reconocer y eliminar el racismo y la discriminación racial dentro del propio colectivo LGBTIQ, impulsado por la activista Amber Hikes. Luego en Reino Unido también varias organizaciones han usado la bandera como un compromiso visual e intencional para afirmar la necesidad de desafiar las desigualdades y la discriminación  que enfrentan las personas afrodescendientes, indígenas entre otro grupos de personas. Poco a poco esta bandera se hace visible.

Como activista AfroLGBTIQ en varias ocasiones he tratado el tema del racismo, la discriminación racial y la xenofobia dentro de la comunidad LGBTIQ. No solamente desde mi nombre, sino también a través del grupo comunitario el cual dirijo, ¨Alianza Afro-Cubana¨. Hemos hablado sobre el tema, un tema que lucha por estar invisibilizado a causa de la resistencia de las personas que creen que no hay racismo ni discriminación racial, y si es dentro de un grupo de LGBTIQ, menos existe.

Hay una realidad donde las personas afrodescendientes en Cuba pasa por una serie de situaciones vergonzosas por el simple hecho de ser afro. Sufren, más bien sufrimos porque me identifico como un afrocubano, sufrimos que se nos nieguen la entrada a bares. Somos sometidos a estereotipos raciales. Somos creados en caricaturas racistas donde la discriminación y el racismo están disfrazados de humor. Muchas veces he comentado abiertamente para todas y todos los activistas la necesidad de incluir en nuestras publicaciones, en los diseños de imágenes para campañas, la necesidad de incluir a personas afrodescendientes, pero también a las personas con discapacidad y demás. Si queremos realmente un mundo inclusivo, tenemos que comenzar por aportar nuestro granito de arena para que se cree ese mundo inclusivo. Es urgente y necesario que se coloque al debate no sólo a nivel gubernamental, sino también a un debate público, abierto, sin tabúes, sin censura la problemática que ha ocasionado, ocasiona y ocasionará el silencio respecto al racismo y la discriminación racial en nuestro país. Más que nunca necesitamos que el movimiento de la diversidad sexual en Cuba incluya en su agenda la diversidad racial. Tiene que haber una verdadera interseccionalidad, es decir, la orientación sexual y el género van juntas a otras identidades, como la racial, la étnica, la religiosa incluso hasta la condición migratoria.

Lamentablemente no es extraño ver acciones racistas y discriminatorias dentro del colectivo LGBTIQ. El hombre blanco, homosexual, de buena posición económica se ha autoproclamado símbolo del movimiento y me respalda este cometario las infinidades de publicaciones que vemos a diario en las redes sociales, en muchos video de publicidad o de campaña en diferentes sitios web, en la televisión, el cine, donde los vemos solamente a ellos. ¿Qué pasa con las mujeres trans negras? Ellas son vulneradas, sufren exclusión, violencia. Las mujeres negras que son lesbianas, sufren más que las mujeres blancas. Hay que poner el tema al debate. No podemos seguir contribuyendo a que se siga desarrollando esos males sociales que nos afecta a todos. El racismo, la discriminación racial y la xenofobia como el machismo, no es exclusivo de la heterosexualidad. Se replica la misma discriminación que aplica el resto de la sociedad. Tratar estos asuntos interseccionalmente es tarea de todos. 

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